
El agua subterránea es un recurso vital y silencioso. En las zonas costeras, sin embargo, su equilibrio es frágil. La proximidad del mar, los cambios de presión en los acuíferos y la creciente demanda hídrica pueden alterar su calidad y disponibilidad.
En Sondagua, comprendemos que mantener un pozo operativo y libre de contaminación salina en estos entornos no es una tarea menor. Exige monitoreo constante, conocimiento técnico y una gestión preventiva de largo plazo.
Los acuíferos costeros poseen una característica singular: coexisten con el agua del mar. Entre ambos cuerpos se forma una frontera natural conocida como cuña salina, una zona de equilibrio donde el agua dulce y el agua salada interactúan sin mezclarse completamente.
Cuando la extracción desde el pozo es excesiva o mal planificada, este delicado balance se rompe. El resultado es la intrusión marina, fenómeno en el cual el agua salada avanza tierra adentro e invade el acuífero, degradando su calidad hasta volverlo inutilizable para el consumo humano o agrícola.
Este proceso puede ser lento y silencioso, pero sus consecuencias son duraderas: una vez que el acuífero se saliniza, su recuperación es extremadamente compleja y costosa.
Existen diversos factores que pueden provocar o acelerar la entrada de agua salada en los pozos costeros. Entre los más relevantes se encuentran:
Por eso, cada pozo costero requiere un diseño personalizado, considerando las condiciones hidrogeológicas locales y la capacidad del acuífero para sostener la demanda.
La prevención es la herramienta más efectiva para evitar la intrusión marina. A continuación, se presentan las principales medidas de protección y mantenimiento que deben considerarse en pozos cercanos al mar.
Una regla de oro: nunca extraer más agua de la que el acuífero puede regenerar. La gestión del caudal debe realizarse de manera controlada y, de ser posible, con equipos de medición automática que registren la presión y el nivel del agua.
En Sondagua, recomendamos establecer curvas de bombeo sostenibles que mantengan el equilibrio natural del sistema subterráneo. Un caudal constante y moderado reduce la presión negativa y evita el avance del agua salada hacia el pozo.
La ubicación del pozo es un factor determinante. Idealmente, debe situarse a una distancia prudente del litoral y en una zona de recarga natural. Además, la profundidad debe calcularse con precisión para captar el estrato de agua dulce sin intersectar la cuña salina.
Nuestros especialistas en Sondagua utilizan estudios geofísicos y sondeos exploratorios para identificar el punto óptimo de perforación, garantizando una explotación segura y de larga duración.
El análisis químico del agua es una práctica obligatoria. Medir la conductividad eléctrica, el contenido de cloruros y el pH permite detectar cambios incipientes en la composición del acuífero.
Si se observa un aumento progresivo de sales disueltas, se deben ajustar los niveles de extracción o incluso reducir temporalmente el bombeo para permitir la recuperación natural del sistema.
Un pozo mal sellado puede convertirse en una vía de entrada directa para el agua marina o superficial contaminada. Por ello, es crucial mantener la integridad del revestimiento, revisar las uniones, y asegurar que las juntas estén herméticamente cerradas.
Además, los mantenimientos anuales deben incluir limpieza de filtros, inspección del cabezal y verificación del aislamiento frente a la humedad externa.
En situaciones críticas, puede ser necesario aplicar técnicas avanzadas como barreras hidráulicas, que consisten en inyectar agua dulce en el subsuelo para mantener la presión y frenar el avance del agua salada.
Otra alternativa es la recarga artificial, que aprovecha el agua de lluvia o excedentes superficiales para reforzar la reserva subterránea. Estas estrategias, aunque más complejas, prolongan la vida útil del acuífero costero y aseguran su sustentabilidad.
La salinidad excesiva no solo afecta el sabor del agua. También deteriora los sistemas de bombeo, produce incrustaciones en tuberías y compromete la salud de los cultivos. En usos domésticos, puede dañar electrodomésticos, afectar el lavado y reducir la eficiencia de calefones y calderas.
Por eso, una vigilancia constante de la conductividad y los cloruros es esencial. En Sondagua, integramos estos parámetros dentro de nuestros servicios de monitoreo para anticipar cualquier cambio antes de que se vuelva irreversible.
No todos los acuíferos son iguales. Los sistemas costeros son especialmente sensibles a los cambios climáticos, al aumento del nivel del mar y a la expansión urbana.
En consecuencia, la sostenibilidad de un pozo en estas zonas depende de una planificación integrada, donde la ingeniería, la hidrología y la gestión comunitaria trabajen de la mano.
A través de una correcta prospección, diseño y mantenimiento, es posible garantizar agua dulce y segura durante décadas, incluso en contextos de alta vulnerabilidad ambiental.
Cuidar un pozo en zonas costeras implica algo más que supervisar su caudal. Es proteger un ecosistema subterráneo complejo, donde cada variable —desde el nivel del mar hasta el ritmo de extracción— puede alterar su equilibrio.
En Sondagua creemos que la clave está en anticipar, medir y adaptar. Nuestros equipos aplican soluciones personalizadas para cada territorio, combinando tecnología, experiencia y compromiso ambiental.
Porque un pozo bien cuidado no solo entrega agua. También asegura el futuro de las comunidades que dependen de ella.
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