
Todo pozo tiene una historia. Al inicio, el caudal es estable, la calidad adecuada y los costos operativos razonables. Con el paso del tiempo, sin embargo, algo cambia. El nivel desciende. El agua llega con arena. La bomba trabaja más horas. Entonces surge la pregunta inevitable: ¿conviene rehabilitar el pozo existente o es mejor perforar uno nuevo?
La respuesta no es binaria ni intuitiva. Depende de una evaluación técnica, económica y estratégica. Decidir correctamente puede significar extender la vida útil del sistema por años o evitar una inversión innecesaria.
La decisión entre rehabilitar o perforar un nuevo pozo debe basarse en indicadores objetivos de rendimiento, estado estructural y comportamiento del acuífero. Actuar solo por percepción o urgencia suele conducir a soluciones costosas y poco sostenibles.
No todo pozo con bajo rendimiento está perdido. En muchos casos, la disminución del caudal responde a problemas corregibles asociados a la operación o al paso del tiempo.
Algunos indicadores claros de que la rehabilitación es viable incluyen:
En estos escenarios, el acuífero sigue presente y activo. El problema está en la interfaz entre el pozo y el agua.
La rehabilitación no es una acción genérica. Puede incluir distintas técnicas según la causa del deterioro:
Una rehabilitación bien ejecutada puede recuperar gran parte del rendimiento original, con un costo significativamente menor que una perforación nueva.
Existen situaciones en las que rehabilitar solo posterga un problema mayor. Forzar un pozo agotado suele traducirse en gastos recurrentes y resultados marginales.
Algunas señales de alerta son:
En estos casos, el problema ya no es el pozo, sino el entorno hidrogeológico que lo alimenta.
Perforar un nuevo pozo es una decisión de mayor inversión inicial, pero en muchos casos resulta más eficiente y sostenible a largo plazo.
Conviene optar por un pozo nuevo cuando:
Un nuevo pozo permite rediseñar completamente la captación, incorporando aprendizajes y tecnología actualizada.
Antes de decidir, es fundamental realizar pruebas objetivas:
Estos estudios permiten distinguir entre un pozo envejecido y uno estructuralmente obsoleto.
En Sondagua acompañamos este proceso desde una mirada integral, evaluando tanto la factibilidad de rehabilitación como la conveniencia de una nueva perforación, siempre con foco en la eficiencia hídrica y económica.
Uno de los errores más comunes es decidir solo por el costo inicial. Un pozo rehabilitado que falla al poco tiempo resulta más caro que uno nuevo bien diseñado.
Es clave comparar:
La decisión correcta es aquella que optimiza el costo total del ciclo de vida del sistema.
Elegir entre rehabilitar un pozo o perforar uno nuevo no es solo una cuestión técnica. Es una decisión estratégica que impacta la seguridad hídrica, la operación futura y la sostenibilidad del recurso.
Rehabilitar puede ser una solución eficaz cuando el acuífero sigue respondiendo y la estructura lo permite. Perforar un nuevo pozo es la alternativa adecuada cuando el sistema actual ha llegado a su límite natural.
En ambos casos, la clave está en el diagnóstico informado. Porque en materia de agua subterránea, decidir con datos siempre es más rentable que decidir con urgencia.
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