
La prueba de bombeo es uno de los momentos más reveladores en la vida de un pozo. Durante horas —a veces días— el acuífero se expresa. Responde. Se defiende. Se adapta.
Y en medio de ese diálogo silencioso entre agua y roca, aparece un gráfico clave: la curva de abatimiento.
Muchos la observan. Pocos la interpretan correctamente.
Entenderla no es solo trazar una línea descendente. Es leer el comportamiento hidráulico del acuífero, anticipar su rendimiento y proyectar la sostenibilidad del pozo en el tiempo.
La curva de abatimiento representa la variación del nivel del agua en el pozo —o en pozos de observación— a medida que se extrae agua a un caudal constante.
En términos simples:
muestra cuánto baja el nivel del agua y cómo evoluciona en el tiempo.
Pero detrás de esa aparente simplicidad se esconden variables complejas:
Interpretar la curva es entender el sistema hídrico en acción, no solo medir un descenso.
Toda interpretación comienza con datos confiables. Una curva mal levantada conduce a conclusiones erróneas.
Para que la curva sea válida, es fundamental:
Errores en esta etapa contaminan todo el análisis posterior.
La curva no corrige datos deficientes. Los amplifica.
La pendiente es uno de los primeros indicadores a observar.
Una pendiente pronunciada suele indicar:
Una pendiente suave y progresiva, en cambio, sugiere un acuífero con buena capacidad de transmisión y menor esfuerzo hidráulico.
Pero atención: no toda pendiente abrupta es culpa del acuífero. A veces el problema está en el diseño del pozo, en el filtro o en las pérdidas internas.
Aquí es donde la experiencia técnica resulta clave.
No todas las curvas se comportan igual a lo largo del tiempo. De hecho, una misma prueba puede mostrar distintos regímenes.
Durante la interpretación, es esencial reconocer:
Cambios de curvatura, inflexiones o “quiebres” en la gráfica no son ruido. Son mensajes del acuífero.
Un analista entrenado sabe cuándo una variación responde al terreno y cuándo a interferencias externas.
Uno de los errores más comunes es atribuir todo el abatimiento al acuífero. No siempre es así.
Parte del descenso del nivel se debe a:
La curva de abatimiento permite separar el comportamiento del acuífero del desempeño del pozo, especialmente cuando se analizan pruebas escalonadas.
En empresas especializadas como Sondagua, este análisis es clave para decidir si un pozo necesita rehabilitación, rediseño o simplemente un ajuste operativo.
Un momento crítico de la prueba es observar si el nivel tiende a estabilizarse.
Una curva que no se estabiliza es una señal de alerta, no un simple dato técnico.
Incluso con buenos datos, la interpretación puede fallar. Algunos errores frecuentes son:
La curva no habla sola. Debe leerse dentro de un marco técnico integral.
Interpretar correctamente la curva de abatimiento permite:
No es un gráfico académico. Es una herramienta estratégica.
La curva de abatimiento es el lenguaje del agua cuando se le exige. Habla de límites. De capacidades. De equilibrio.
Saber interpretarla no depende solo de fórmulas, sino de criterio técnico, experiencia y comprensión del sistema hídrico. Por eso, en proyectos de captación profunda, el análisis de pruebas de bombeo no debería ser un trámite, sino un proceso reflexivo y riguroso.
Porque cuando el acuífero habla, vale la pena escucharlo bien.
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