
Cuando se trata de perforar un pozo, muchos creen que el objetivo es simplemente «llegar al agua». Sin embargo, determinar la profundidad óptima es un proceso mucho más complejo. No se trata de perforar por perforar, sino de hacerlo con criterio técnico, eficiencia y sustentabilidad.
Un pozo demasiado superficial podría carecer de caudal constante o estar expuesto a contaminantes. Uno demasiado profundo puede aumentar innecesariamente los costos y la dificultad de bombeo. Por eso, definir la profundidad adecuada es una de las decisiones más importantes en el diseño y ejecución de un proyecto de captación de aguas subterráneas.
En este artículo analizamos los factores clave que intervienen en esa determinación y por qué es fundamental contar con estudios previos y experiencia profesional como la que ofrecemos en Sondagua.
La profundidad óptima de un pozo es aquella que permite interceptar el acuífero de forma eficiente, asegurando un caudal estable, buena calidad del agua y una vida útil prolongada de la infraestructura. No es necesariamente la mayor profundidad posible, sino la más adecuada según el contexto hidrogeológico.
Esta profundidad depende de múltiples variables, desde la geología del terreno hasta el uso final del recurso. A continuación, desglosamos los factores técnicos más relevantes.
El primer paso es identificar la ubicación, espesor y tipo de acuífero. No todos los acuíferos están a la misma profundidad ni ofrecen el mismo rendimiento.
Mediante estudios geofísicos y perforaciones exploratorias se puede estimar con precisión la profundidad a la que se encuentra el acuífero más adecuado para la demanda prevista.
No es lo mismo perforar un pozo para una vivienda rural que para una faena agrícola o una planta industrial. La cantidad de agua requerida impacta directamente en el diseño y la profundidad:
La calidad del agua varía con la profundidad. En algunos casos, capas superiores pueden contener sales, hierro o contaminantes, mientras que a mayor profundidad se accede a aguas más puras.
Por ello, los estudios previos deben incluir análisis físico-químicos para identificar la profundidad a la que se alcanza el mejor equilibrio entre caudal y calidad.
El tipo de suelo o roca también incide en la profundidad. Las formaciones sedimentarias, aluviales o volcánicas ofrecen diferentes resistencias y capacidades de filtración.
En Sondagua, contamos con equipos de perforación adaptados a múltiples condiciones geológicas, lo que nos permite alcanzar la profundidad necesaria con seguridad y eficiencia.
A mayor profundidad, mayor esfuerzo de bombeo. Por eso, es crucial considerar:
En muchos casos, se busca una profundidad intermedia que garantice el caudal sin elevar demasiado los costos operativos a lo largo del tiempo.
Para determinar la profundidad óptima de un pozo, no se puede improvisar. Se requiere un estudio hidrogeológico completo que incluya:
Este estudio permite tomar decisiones informadas y evitar sobrecostos, fallas técnicas o pozos improductivos.
En Sondagua, nos especializamos en realizar este tipo de diagnósticos previos, adaptando cada proyecto a las condiciones reales del terreno y los objetivos del cliente.
En Chile, la profundidad promedio de pozos puede variar entre 20 y 150 metros, dependiendo de la región:
Cada zona tiene su realidad hídrica, por lo que la experiencia local es fundamental al definir el diseño de perforación.
La profundidad óptima de un pozo no es un número arbitrario. Es el resultado de analizar múltiples factores técnicos, económicos y ambientales. Es una decisión estratégica que puede determinar el éxito o el fracaso de un sistema de abastecimiento de agua.
En Sondagua nos comprometemos a diseñar pozos que no solo alcancen agua, sino que lo hagan de forma sostenible, eficiente y con visión de largo plazo. Si estás considerando perforar, no lo hagas a ciegas. Estudia, evalúa y decide con el respaldo de profesionales.
